jueves, 9 de febrero de 2012

lunes, 28 de noviembre de 2011

Monty Python - Entrevista de trabajo

Muerte y resurrección de Keynes



Hace casi cuatro años de esta clase. Lo dicho entonces sigue teneiendo validez hoy en dia. De hecho sus sospechas sobre el futuro que entonces nos deparaba hoy se han hecho realidad. Keynes murio, resucitó durante un leve instante para ser definitivamente asesinado. El propio Keynes dijo en su tiempo que el gran error de los comunistas fue pretender adoptar solucionesdel siglo XIX a problemas del siglo XX. Seguramente hoy deb¡eramos decir lo mismo. El keynesianismo de los años 50 y 60 no sirve para el siglo XXI, y sin embargo, el plan B de Friedman nos lleva al desastre...

miércoles, 27 de octubre de 2010

EL FUNCIONARIO LÍQUIDO


HACE YA ALGÚN TIEMPO que se produjeron unas declaraciones del presidente de MANGO Isak Andic sobre los necesarios cambios a realizar en el modelo del funcionariado y, aunque ya ha pasado algún tiempo, confieso que no resisto la tentación de comentar lo que, por otro lado, es un estado de opinión cada vez más extendido. Según los periódicos, el nuevo presidente del Instituto de Empresa Familiar, "...los nuevos funcionarios tendrían que poder ser despedidos [...] y tener una retribución variable similar a los puestos de trabajo de la empresa privada."


Más allá de una lógica reacción corporativista o de los argumentos tradicionales (evitar las pasantías, dificultad de medición de la productividad de muchos servicios públicos, etc...) que podrían alegarse frente a la propuesta del Sr Antic, mi principal interés está en subrayar lo que, en mi opinión, resulta más importante: ¿por que hemos de admitir que el modelo de gestión de recursos humanos de la empresa privada basado en la flexibilidad resulta más eficiente tanto en términos de productividad como en términos de satisfacción laboral que el modelo de la función publica?
EL PENSAMIENTO DOMINANTE da por hecho que el modelo de gestión basado en la retribución variable, la polivalencia y la flexibilidad interna y externa de los trabajadores, tiene mejores resultados en términos de eficiencia y eficacia. Son todas estas características propias del paradigma de producción flexible, y valores propios de la bautizada como "sociedad liquida" por Bauman. Este modelo, donde todo es "a corto plazo", ha traido como consecuencia que la productividad de las empresas (de las grandes empresas) descanse sobre la precariedad de otras empresas (los autonomos y las PYMES) y en último término de los trabajadores. Se ha nutrido de una ética del trabajo que ha conseguido el perverso efecto de imponer el control y la subordinación, obligando a los trabajadores, en palabras del propio Bauman "...a aceptar en homenaje a la ética y a la nobleza del trabajo, una vida que ni es noble ni se ajusta a sus propios principios morales..". El lema "nada a largo plazo" propio de este modelo, dominante en la empresa privada y que ahora se pretende para la función pública, corroe la confianza, la lealtad y el compromiso mutuos. Como explica Sennett, la organización a corto plazo de las instituciones modernas limita la posibilidad de que madure la confianza informal prevaleciendo en ella los "vínculos débiles". Los empleados, comprendiendo ésto, y asumiendo su nueva condición de mercancía actuan con desapego y compromiso superficial.


Dicho de otro modo, la gestión cortoplacista y líquida que propone para los funcionarios el Sr Andic, provocará antes o después mayores niveles de ineficiencia en la administración como consecuencia del natural desapego que las politicas flexibles provocan en el empleado y en las cargos intermedios; ineficiencia que, a poco que se indague, es también visible en la mayoría de las empresas privadas -aunque se esfuercen en camuflarla con auditorias- porque en el largo plazo, el desapego se traduce en deslealtad y ésta en improductividad.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Madrid Excelente o el nuevo Fausto


"Madrid Excelente". A cualquiera que haya vivido en los últimos años en la capital del reino o en su alfoz le debe sonar familiar este slogan, sacado de las escuelas de negocios, con el que el gobierno de la Comunidad de Madrid quiere hacer extensible a los servicios públicos la idea de la excelencia.
La excelencia en tanto que ideal, es un concepto dificilmente rebatible. Parece obvio que todos, en nuestro quehacer diario, debemos dar lo mejor de nosostros mismos, prepararnos todo lo que podamos, trabajar mas y mejor para alcanzar las más altas cotas de eficacia y eficiencia. Debemos ser "excelentes". Y sin embargo no se nos debería pasar por alto que, bajo ciertas premisas, existe un lado oscuro en todo esto.
Cualquier organización cuenta con un ideal de funcionamiento, una manera perfecta de hacer las cosas que impregna e informa a sus miembros, a los procesos, a los métodos o a las decisiones que en éstas se toman. Pero ese ideal es por definición tan perseguible como inalcanzable y el problema llega cuando se convierte en obligatorio, generando de este modo una distancia insalvable entre el trabajo real y el prescrito que (y he aqui el error) no se contempla . Como resultado aparecen dentro de las organizaciones la "Tiranía del Ideal" que exige cada vez más de sus empleados, quienes tienen la sensación de no estar nunca a la altura, esperando un reconocimiento que raras veces se les concede.
Esta es la idea central del último libro de Marie- Anne Dujarier: "El ideal en el trabajo" (editorial Modus Laborandi, 2010). En él la autora desgrana a través de la comparación de dos organizaciones: una pública (el servicio geriátrico de un hospital público) y otra privada (un restaurante de comida rápida), este fenómeno, muy propio de las sociedades hipermodernas.
En una epoca sin referents nítidos, muchas perosnas quedan fascinadas por la cultura del rendimiento, la superacion de límites, la ilusión de la excelencia. Buenos ejemplos hay en el deporte de élite, que comparte con determinads prácticas de riesgo la búsqueda del "subidón".
En el mundo del trabajo también se da esta circunstancia: en palabras de Dujarier, "...la ideologia empresarial propone a sus empleados un contrato narcisista que supuestamente responde a sus deseos de superacion y omnipotencia. Un contrato que recuerda al de "Fausto": a cambio de una entrega sin límites, la empresa promete la posibilidad de ser el mejor"