miércoles, 27 de octubre de 2010

EL FUNCIONARIO LÍQUIDO


HACE YA ALGÚN TIEMPO que se produjeron unas declaraciones del presidente de MANGO Isak Andic sobre los necesarios cambios a realizar en el modelo del funcionariado y, aunque ya ha pasado algún tiempo, confieso que no resisto la tentación de comentar lo que, por otro lado, es un estado de opinión cada vez más extendido. Según los periódicos, el nuevo presidente del Instituto de Empresa Familiar, "...los nuevos funcionarios tendrían que poder ser despedidos [...] y tener una retribución variable similar a los puestos de trabajo de la empresa privada."


Más allá de una lógica reacción corporativista o de los argumentos tradicionales (evitar las pasantías, dificultad de medición de la productividad de muchos servicios públicos, etc...) que podrían alegarse frente a la propuesta del Sr Antic, mi principal interés está en subrayar lo que, en mi opinión, resulta más importante: ¿por que hemos de admitir que el modelo de gestión de recursos humanos de la empresa privada basado en la flexibilidad resulta más eficiente tanto en términos de productividad como en términos de satisfacción laboral que el modelo de la función publica?
EL PENSAMIENTO DOMINANTE da por hecho que el modelo de gestión basado en la retribución variable, la polivalencia y la flexibilidad interna y externa de los trabajadores, tiene mejores resultados en términos de eficiencia y eficacia. Son todas estas características propias del paradigma de producción flexible, y valores propios de la bautizada como "sociedad liquida" por Bauman. Este modelo, donde todo es "a corto plazo", ha traido como consecuencia que la productividad de las empresas (de las grandes empresas) descanse sobre la precariedad de otras empresas (los autonomos y las PYMES) y en último término de los trabajadores. Se ha nutrido de una ética del trabajo que ha conseguido el perverso efecto de imponer el control y la subordinación, obligando a los trabajadores, en palabras del propio Bauman "...a aceptar en homenaje a la ética y a la nobleza del trabajo, una vida que ni es noble ni se ajusta a sus propios principios morales..". El lema "nada a largo plazo" propio de este modelo, dominante en la empresa privada y que ahora se pretende para la función pública, corroe la confianza, la lealtad y el compromiso mutuos. Como explica Sennett, la organización a corto plazo de las instituciones modernas limita la posibilidad de que madure la confianza informal prevaleciendo en ella los "vínculos débiles". Los empleados, comprendiendo ésto, y asumiendo su nueva condición de mercancía actuan con desapego y compromiso superficial.


Dicho de otro modo, la gestión cortoplacista y líquida que propone para los funcionarios el Sr Andic, provocará antes o después mayores niveles de ineficiencia en la administración como consecuencia del natural desapego que las politicas flexibles provocan en el empleado y en las cargos intermedios; ineficiencia que, a poco que se indague, es también visible en la mayoría de las empresas privadas -aunque se esfuercen en camuflarla con auditorias- porque en el largo plazo, el desapego se traduce en deslealtad y ésta en improductividad.