¿Cómo será la escuela en el 2018?, supongo que para entonces yo debería estar estrenando mi tercer sexenio y disfrutando por primera vez tras 18 años de servicio de un salario más o menos acorde con mi nivel de cualificación. Sin embargo es posible que esté más bien preocupado por la renovación de la subcontrata que la Comunidad de Madrid tendrá con una empresa de prestación de servicios educativos y en la que mis compañeros de profesión y yo mismo fuimos “recolocados” tras la grave crisis del 2010. Quizás la jornada laboral de un profesor comenzará a las 8:00 y terminará a las 14:00 para todo el mundo evitándose de este modo un sistema de reparto de horarios basado en los privilegios que otorgaban la antigüedad y la “amistad” con los diferentes equipos directivos. O quizás no.
En cualquier caso me temo que la escuela del futuro estará aun más lejos que la actual de mi “visión ideal” de un centro educativo. Éstos serán probablemente cada vez más grandes aprovechando de este modo las “economías de escala”, y asegurando de este modo en ahorro de costes fijos. De hecho todo será más grande: más aulas, más ordenadores, más profesores, más alumnos, más optativas, más especialización. Todo crecerá, todo, menos el aprendizaje del alumno. Los centros se crearán a imagen y semejanza de la cadenas de montaje, pasando cada profesor por cada aula como el operario que coloca el parabrisas del automóvil, sin conexión con el resto del proceso productivo, aislado en su asignatura, agobiado por un ritmo de producción basado en “dar aprobados” verdadera y única medida de la “calidad”.
En 2018 quedará ya muy lejos la escuela basada en un paradigma “artesanal”, donde el profesor no sólo es el “robot que explica” sino alguien conocido en la comunidad por el alumno, por sus familias, por los negocios… donde el respeto al profesor se fundamenta no en su condición de profesor sino en su condición de persona conocida por sus alumnos y sus familias también fuera del aula. Una escuela en la que es posible “construir” el aprendizaje del alumno durante varios años. Escuelas cercanas a las viviendas, que formen parte de la comunidad y no “macroescuelas” apiñadas en el extrarradio, más parecidas a Centros Comerciales que a cualquier otra cosa.
En definitiva, el profesor del futuro me temo que se dedicará más bien a calentar en masa y a toda prisa hamburguesas en un McDonalds que a preparar pausadamente un plato de cuchara a fuego lento.
2 comentarios:
No parece que estés muy optimista, y no te falta razón con todo lo que nos está cayendo. Pero quizás podamos hacer algo más que resignarnos.
Las TICs nos dan la oportunidad de estar en contacto, de "conversar", pueden romper el aislamiento del aula, quizás por ahí encontremos un modo de poder hacer algo para impedir que esa escuela gris llegue a ser realidad.
Yo también soy profesora de FOL, y participo con otros profesores de una pequeña red social en la que pretendemos encontrarnos y en la que serás bienvenido:
La red de fol
Estoy totalmente de acuerdo con tigo. Villaquejida.
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